31 ene. 2012

▪ Detroit, la ciudad fantasma ▪

- ¿Qué vas a hacer en Detroit? Dicen que es la ciudad más fea y más peligrosa de los Estados Unidos y un amigo de mi prima que es la vecina de la “lorola” ha escuchado en el  Mercadona que el abuelo de un amigo suyo estuvo trabajando en la década de los sesenta y que se vino traumatizado.
Algo, o mucho, tiene de razón. Los problemas raciales y la caída de los 80 llevaron a la ciudad que abanderaba el ideal del “sueño americano” a la más terrorífica miseria y desolación. Miles de detroitianos abandonaron sus hogares huyendo de la precariedad laboral y social que se respiraba entre los humos de las pocas fábricas que luchaban por mantenerse en pie. Han pasado más de tres décadas y Detroit no levanta cabeza excepto cada mes de enero que, como cenicienta, se muestra majestuosa en el baile de los motores y los prototipos y que, como en el mimo cuento, a las doce en punto se vuelve a convertir en calabaza sabiendo que el zapato de acero con incrustaciones de aluminio nunca llegará a manos del príncipe.

Yo sabía todo eso pero no tenía otra ambición que marcarme unos pasos en el Salón del Automóvil y salir pitando hacia Indiana para terminar la coreografía en Chicago. A mi llegada encuentro una ciudad desolada, repleta de solares que una vez fueron grandes edificios ahora reconvertidos en zonas de aparcamiento y,  con una tristeza en sus calles con la que has de lidiar para evitar que perfore tu alma. No hay gente, no hay tiendas, no hay grupillos en las puertas de los escasos locales de copas y restaurantes, no encuentro la ciudad, no encuentro barullo ni alegría.

Abrir bien los ojos –recordé-. Y los abrí, y encontré una ciudad envuelta en un romanticismo novelesco, una ciudad de belleza lapidada. Y comencé a vislumbrar la ciudad y a desear ser fotógrafa o escritora para poder mostrar al mundo su magia.
Sí doña lorola, es peligrosa pero para eso está el sentido común (si vas a Madrid tampoco se va a meter usted en la Cañada Real) y fea para quienes buscan ir de shopping  o de rutas gastronómicas. Yo me quedo con esto:












...y un paseo por la Eight mile para callarle la boca a mi "son"...




... y la cuna del Motown, para que calle para siempre...


... y la casica decorada para Navidad...



... y también me quedo con su legado Art decó que, como ya sabéis, me vuelve loquita.  Un paseo por The Guardián Building & The Fischer Building como muestra servirá...









... y con Diego Rivera en el Art Institute que, aunque soy más de Frida, no tienen desperdicio. Lástima que estaban preparando un recital de piano y no pude tomar una foto en condiciones de la sala, porque es alucinante...





Y, como siempre comparto algo sobre bares y beds...

Se supone en en Greektown se encuentra una de las pastelerías más famosas y con los dulces más deliciosos de todo Migchigan y yo voy derechica a por mi bollo. Me encantan los muffins de zanahoria (de hecho en casa los devoramos) y, como no puede ser de otra forma, mis ojos se dirijen diréctamente a ellos. No he probado cosa más mala en mi vida. Le dí dos bocados, intenté convencer a mi esposo para que comiera con engaños pero, viendo que ni mi paladar ni mi acompañante entraban en razón, lo abandoné en la papelera. No te puedes fiar...


... con las vistas de Canadá desde mi hotel, desde mi cama...



... con las vistas de Detroit desde Canadá...


... y con el precio de la gasolina.